miércoles, 15 de abril de 2015

La Sentencia.

De  plumas y fusiles,
se acerca la  hora, bien vestida, acicalada.
No bastan fandangos de guerra ni poesías libertarias.
En cada bala, cada palabra acabada
se tilda con la sangre de un enemigo.
No se malgasta ni una gota.

Se dicta la sentencia, ya ebrio el cobarde
se lamenta
y acabo con sus años rápida
y dulcemente.
No uso acero, soy poco sangriento. Pero observo y escribo.

Ya el reloj ni me mira y es temprana
la metralla aquella
con la que recuerdo la muerte de mi
padre, entonces vivo, hoy en el cajón, con el sayo
y la de mi madre, que no andaba delante de la lluvia de acero
pero vio caer a su marido
y eso
la mató en vida.

Ni los pájaros en los árboles cortados por los vientos de Levante
y Poniente
se dignan a aparecer, no será que por volar
libres
ellos,
vayan a caer también.