domingo, 27 de enero de 2013

El Señor de las Rosas.

La de veces que habré muerto en su cuello sin darme cuenta.
Pero: normal.
Acurrucar mi nariz en tu cuello es uno de los más mortales suicidios.
No por que sepa a las más rojas rosas en sí, sino las tienes en el cuello y me desangran.
Cuándo muero por aquéllas, decido escribirlo. Y es que es una muerte tan primaveral que revivo cada vez que me mata.
Bueno, a partir de hoy siempre seré el Señor de las Rosas.
Bella flor cualquiera sin ser tan cualquiera.
Tú que me lees, supongo. Sabes que suena irónico, pero me acuerdo cómo siempre vestías tu cuello de domingo de rosas de cualquier color, pasando por tonos blancos hasta el color pasión. O algo así.
Sí, fueron  aquéllas las que acabaron conmigo.
Tantas grietas que tenían como las de mis labios, y yo que me dedicaba a contarlas.
Que cada espina de aquellas pequeñas me hacían escribir mil poemas de tonos rojizos.
Y de tantas veces que he muerto ya no siento el ''dolor aquél de escribir''.
O quizás lo sienta, pero lo ignore. A ver si así este se fuera.

Después de morir en su cuello, siempre te encargaste de enterrarme en aquel jardín. Pero no en un jardín cualquiera, en  un jardín repleto de ellas. Las mismas rosas que me habían matado al recorrer con mis labios cada centímetro de aquél cuello. Supongo.
''Deja que te escriba en voz bajita'' te decía susurrando, mientras intentaba no morirme ahogado en ti.
Susurraba medio muerto, y el aire golpeaba las persianas rompiendo nuestro silencio.
Y cuándo empezó a empezó a empeorar. ¿Recuerdas aquél viento desgarrando los ladrillos dónde nos gustaba jugar a escondernos del miedo? Y ''Céfiro, ¿eres tú..?''
Pero esa noche no morí por ella. Ya que no era ella quién yacía conmigo. Además,  creo que recordar que las confundí. Pero no. Su recuerdo. Ella me mató.
-
Que duro es ser rosa.
Te sujetan la garganta y te arrancan las espinas hasta desarmarte. O desamarte.
Porque, ¿qué tiene de bonito una de nosotras si no tenemos espinas?
Hunden la nariz en nuestro propio corazón. Que tan rojo él, no palpita, pero guarda mil sentimientos.
¿Y cuando nos deshoja el viento?
No, Zephyr no nos hagas daño. No somos tan asesinas.
Qué flor no tiene complejos. Pregunto.
Pero nos gusta escondernos detrás de un par de pétalos. Así como si sonriésemos. Porque, ¿qué hay más bonito que una sonrisa bien roja de una flor?
Ay, ven, poeta. Escríbenos.

viernes, 25 de enero de 2013

A medias lágrimas.


Háblame de los charcos de tus ojos. Del amanecer de tu sonrisa. De lo que sientes, pero ocultas.
De el ''amor'' por vivir. Pero no de no tener cojones a salir, y sonreír.
Amar por amar, qué es eso, dime.
No puedes leer, te están lloviendo los ojos. ¡Y estás empapando el libro!
-No me leas más, mañana cuando te despiertes, Dios dirá.
Vuelve a hablarme, así, despacito, cómo cuando te hacia el amor en mis poemas.
Háblame sin poemas dolorosos. Sin bailes solitarios. Sin besos mudos.
Mejor escríbeme, lo prefiero.
Prefiero anhelar tu voz, desesperarme por besarla.
Los besos mudos nunca sabían bien cuando oía a tus ojos gritar.
Déjame desgastarte los labios. O oler tu cuello. (Aunque huela a Rosas)


''Ya sabes que entre sábanas, el Jazz nunca está de más.''
''Tampoco hay nadie que tenga el coraje de hacer que brille la porcelana de tus ojos.''

Pocas cosas me hacen reír. Pero verla sonreír, sí. Me hace ser feliz.

Vamos, subráyame.
Seguro que tampoco hay huevos a amarme.

Joder, déjame hablarte de las medias lágrimas. Un sentimiento mudo, ojos encharcados, ganas de llover por éstos, y no poder. Acabar con la impotencia, suspirar, y quedarte nuevo.

¿A cuántas medias lágrimas me habré quedado contigo de decirte ''Te quiero'' sin pronunciarlo?

''De las pequeñas, y diminutas frases, nadie se acuerda. Pero tu eres pequeña, y te pienso las 25h de mis noches en silencio, y soledad.''

(Suena de repente un ligero y suave toque de piano, y tus ojos esta vez gritándome que te abrace) 

Guardo los recuerdos en un pequeño baúl rojo llamado corazón. Ahí, ten por segura que no los pierdo. 

(No pierdo los recuerdos, pero sí demasiadas veces el corazón)

Entiéndeme si puedes;
No quiero tus labios rojos, quiero las Rosas rojas en tus labios.
No quiero la sombra de tus ojos, quiero tu sombra tapando mis ojos.


Sin sentidos, que le dan sentido a esta vida sin sentido. Maquillajes, Rosas rojas, flores, Jazz, el brillo de tus mejillas de porcelana.
A medias tintas, digo.. lágrimas.

lunes, 21 de enero de 2013

Que bien sabes.

''Las mentiras de miel por favor, que me encanta la miel.''
Sus labios dulces como la miel, y tan suaves como sus mentiras.
''Que bien saben'' o me sabían.
''Pensaba que todo estaba bien''
(Pensaba)
Nunca ha estado bien, o por lo menos eso pensé.
Estaba bien, no quería gritar por que me dolía demasiado el corazón. (Pero estaba bien, eh.)
No creas, a veces caía alguna lágrima. (Claro, después de la lluvia.)
Andando por las calles cabizbajo, y con las manos en los bolsillos.
No dejaba de darle vueltas. Qué hacer. (Da igual lo que pensará, nada iba a volver a ser como antes.)
Aunque lo tuviera claro, seguía pensando.
Pero después de ''unos'' meses me olvidé, me olvidé del daño claro. De ella lo veía imposible.
(Vuelve a llover en mis mejillas)
Su voz sonaba como King acariciando las cuerdas de Lucille, tocando uno de sus Blues.
O  Charlie Parker con el Saxo.
''No sé, seré yo''
Que complicado es el significado del ''Amor''. Y que fácil es hacerlo, ¿verdad?
Define ''tú y yo'' por que me parece que estando con ''yo'' estuviste con ''otros''
No se llorar. Pero lo que sí sé hacer es echarte de menos.
Quiero irme, o oírme.
Perdóname si me caí demasiadas veces en el hueco de tus clavículas, o en el vacío de tus ojos.
''Pero es que se escribía tan a gusto..''
Cuando le miraba fijamente, lo único que estaba viendo era el deshielo de unos ojos tristes.
Cuando apretaba mis dientes, y mi corazón ardía.
Cuando yo mismo pensaba que no me conocía. Y que en mi propia soledad, echaba de menos su ausencia.
Desde todo eso, tengo en mente una pequeña frase muy mía.
''Las Rosas son preciosas, y huelen muy bien.
Pero pinchan, y hacen daño.
Igual que una mujer.''

sábado, 19 de enero de 2013

''Escúchame cuando te escribo''

¿Escribir?, ¿de verdad dices, y me preguntas que si te puedo escribir?, ¿a estas alturas?
Te llevo escribiendo desde hace mucho, desde que caí en esos abismos que tú llamas ojos, desde que tropecé con tus labios, desde que me golpeaste con esa ''sonrisa'' ¿así es como lo llamáis, no?
Tantas preguntas sin respuesta...
Pregúntame como iría mi vida sin que escribiera.
(...)
¿Ves? sin respuesta.
Hace tiempo decidí dejar de inspirarme con el dolor y la tristeza del ''echar de menos'', que aunque no lo parezca, es un sentimiento. Triste, pero un sentimiento.

No sé sentir.
Ni tampoco bajo la lluvia de un triste cielo no veo la infelicidad

viernes, 18 de enero de 2013

Acaba conmigo.

Acabo de recordar de nuevo mis labios en tu cuello y tus manos en mi espalda.
Nuevamente arañándome.
¿Qué es un suspiro en invierno?
Es más, ¿Que somos tú y yo en invierno?
Tus labios fríos por la temperatura, diciéndome mudamente que no me quieres.
Que no quieres que vuelva, pero son gajes de un ''no poeta'', jugársela escribiendo para que la mayoría de veces no me oigas.
Para que me niegues como hiciste esa noche, las calles húmedas como tus ojos, la nostalgia por las nubes.
En un banco helado con el corazón calado, no me creas cuando te diga ''olvidame''
Por que seguramente este ciego de soledad.
Y es que ella, nunca me abandona.
Quizá no sepa de recuerdos, o incluso, sin saberlo.
Yo forme parte de uno de ellos.
Acaba conmigo de la forma más bonita que sepas.
Fíjate, la poesía no se mide solo en bellas palabras, si no también, en lo que estés visualizando a la hora de escribir.
Por eso nadie en su sano juicio mediría la poesía de tus ojos.
Por que sería un suicidio.
Amo odiarte cuando no me besas.
Sobretodo cuando nos tumbamos en alguna de ''nuestras'' terrazas, el sol en un atardecer dando a arder las nubes.
Amo tus manos pegadas a las mías.
Adoro nuestros labios atados.
Pero es un sueño, un sueño frío en el que me levanto de la cama destemplado, tiritando.
Café, y más recuerdos escuchando un Blues.

jueves, 17 de enero de 2013

Qué sé yo.

Como ya sabes, o no.
No soy ningún poeta.
Otro más, don nadie diría yo.
No importa si invierno nos hiela con su aire frío, voy a estar yo para darte los pocos abrazos cálidos que me quedan.
Sí, que me quedan.
Yo también me estoy congelando entre diciembre y enero, la sensación de que tus manos se vuelvan rojas, congelando la sangre poco a poco, y tener que meterlas en los bolsillos para volver a sentirlas y sentir el tacto de tus labios en las yemas de mis dedos, acariciándolos.
De alguna manera mi alma sigue perseguida por mí mismo. (Pero yo ni me entero)
Si me vuelvo a caer en el vacío de tus clavículas, no me salves, ni me llames.
Ya te escribiré.
''Qué sé yo del ''saber'', si cuando hay que ser no soy, y de lo poco que sabía del ''ayer'' ya no se me ocurre nada que escribirte hoy, para que me puedas leer.''
Nadie habla del insomnio de nuestros besos a oscuras.
Sólo se quejan de mi resaca por tus miradas mudas, de tus abrazos escritos, de lo que no se puede ver.
Lo escrito se imagina, y que bonito es hacerlo, hacerte el amor en cada línea de una forma delicada.
Como cuando tus manos acarician mi espalda.
Esa delicadeza tuya, la delicadeza que tienen las nubes.
La misma.
Y aunque no sepa quién soy cuando escribo, sé en lo que pienso cuando me besas.
O quizás no, quizás cuando me escribes poesía muda entre en un ligero sueño, un sueño del que no me doy cuenta y me pongo a escribirte yo también.
Seré yo, o tú.
O nuestro subconsciente que ya se conocen pero nunca se han visto.
No me entiendes cuando te digo que tu espalda es poesía.
Es poesía cuando escribo en ella, y de nuevo me leo una y otra vez tu espalda.
Pero guiándome con mi dedo índice, pasándolo por debajo de cada línea escrita.
(Para no perderme)