domingo, 6 de diciembre de 2015

Los indicios deconstructivos y criminales

Amamantado por los senos de una familia cristiana crecí sin apenas sesera, incluso sin los actos de un niño normal.

De muy al Sur de donde mi sangre procede y no muy al Norte de donde nazco, todos los viajes han sido llaves que añadir al cinturón.

Mis manos nunca cataron callo alguno hasta los 8 años, que en mi tierra era común largar con tu tío al huerto y echarle las manos que hiciera falta, mover la tierra necesaria y alimentar a los animales tanto como ellos pidieran. De esto ha pasado mucho tiempo, ya que ya no veo niños en las calles, y si los encuentro son absorbidos por una pantalla repleta de caricaturas absurdas.

Me crié sin pensamientos, fui toda mi adolescencia un ser inerte incapaz de ser amado, alguien apartado y apestado, alguien que nadie quería por los kilos que cargaba y las desmesuradas lorzas que le acompañaban, aunque sí tuve un amigo, alguien igual que yo; de cráneo hueco y sonrisa infinita.
Mi compañero, el de la cabeza diminuta, dientes desordenados, manos pequeñísimas, pelo corto, cejas pobladas, risa escandalosa, alto como un demonio y alegre como un ignorante.
Compartía conmigo ese vínculo especial que sienten los animales, una simbiosis humana que nos hacía duros.
''Jugábamos'' en las horas libres los dos levantando las faldas a las chicas de los cursos mayores, (siempre sin malicia) y ellas con nosotros. Hoy día creo también; por lástima.

Le pegaban, tanto como a mí, desconozco lo que a él le hacían, ya que de eso era lo único de lo que no hablábamos.
Yo sin embargo si puedo decir que sufrí:
Recuerdo un patio de mi colegio, al salir de la prisión (a la que se le llama clase) hasta mi paraíso (al que se le llama recreo).
Cuatro individuos de mi mismo curso y mismas lecciones me acorralaron en una esquina, en ese maldito momento no había profesores por ningún lado; éstos tiraron mi almuerzo, un donut de chocolate y crema caído al suelo, lleno de tierra, no dejaban de mirarme, se reían, yo estaba callado, evitaba sus ojos y sus dentaduras.
Fue entonces cuando se les ocurrió al ver mi bollo untado de arena, que me lo comiese, me obligaron a hacerlo y yo no dije nada, asentía y asentía. Sólo tenía 9 años.

Mi viejo amigo nunca me habló de lo que le estaba sucediendo en los patios, pero yo sí sabía lo que era él al llegar a su hogar:
Un despojo, un trapo sucio, escoria, basura, una pelota desparchetada y deshinchada para su padrastro, éste le hizo la vida un infierno muchos años, mi amigo aguantó palizas, vio ver sus juguetes arder, regalados a otros niños, tirados a la basura, aguantó ser violado siendo solamente un chico.

Y yo me quejaba, ¡y yo lloraba y pataleaba como un imbécil por mi situación cuando mi alma gemela era tratada como una cucaracha!
Éramos dos críos, muy amigos y muy unidos, incluso hasta después de la muerte de mi padre (10 años).
Con él, sin estar enamorado ni gustarme las personas de mi mismo género, tuve la primera experiencia sexual sin que después de eso me haya pasado nada más.
Fue un medio día, le invité a comer a mi casa ya que había macarrones con tomate y a los dos nos encantaba. Al acabar de comer nos metimos en la habitación de juegos de mi casa donde teníamos tazos, cartas, muñecos y etcéteras.
No dejamos de utilizar estos aparatos hasta que hubo un momento en el que se nos ocurrió experimentar con nosotros mismos, no sé como sucedió eso. Recuerdo tan solo que después de haber sucedido todo yo lloré una barbaridad, ya que no entendía lo que había hecho... Ni si quiera hicimos algo plenamente sexual, pero aún así creía que tenía un desequilibrio mental, que estaba enfermo...

Hoy día no pienso nada de eso, aunque con esa misma edad haya ido a psicólogos, pienso que fue un acto humano y de amor, sincero y puro.
Este episodio quedó en el olvido de una forma absoluta y lo olvidé por mucho tiempo.

De misteriosa forma, justo antes de pasar a 1º de la ESO (al fallecer mi padre) dejaron de meterse conmigo, yo seguía igual de gordo, no comprendí que ocurrió; quizá fue por la pena que les dí.
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En mi primer año de instituto seguía con el cráneo vacío, nulo de estimulo, a lo mejor es porque me diagnosticaron déficit de atención, no lo sé.
De todo lo sufrido aún me quedaba que vivir, aún servía como saco de boxeo, aún era un ser repugnante. Era tonto, demasiado bueno, mi carácter era el de un koala que prefería dormir antes que llamar la atención para resultar divertido.
Llegué a tener tres buenos amigos, me hizo muy feliz conocerlos, nos reíamos muchísimo, sólo que... Ellos a parte de disfrutar, sacaban buenas notas y no repitieron 1º y 2º como me pasó a mí, los perdí obviamente.

Mi preadolescencia y adolescencia no sólo se centraba en la escuela o instituto, tenía mis verdaderos amigos en mi barrio, en mi parque, aunque hoy día realmente me quede uno de ellos; de los de verdad. Mientras yo tenía 13-14 años él tenía 16-17, me enseñó a disfrutar del fútbol en el asfalto, de las heridas que aquello causaba, de la música como todo el hip hop de los 80 o el reggae de Marley, Tiken Jah Fakoly o Alpha Blondy que me hizo escuchar. También de Skalariak o Ska-P, ¡y de los golpes  que nos dábamos intentando imitar a los actores de Smack Down delante de ancianos y ancianas que nos miraban atónitas con un aire de aberración que nos fascinaba!
Y de romper retrovisores de vecinos, pintar fachadas con nuestros graffitis y takers...
Fui feliz, aún con las trifurcas por mi desmesurado torso voluptuoso...

Cumpliendo 16 años, al repetir 2º acabé metido en un curso de mantenimiento en el que el tiempo se aplicaba en limar metales para hacer piezas absurdas; me desplomé del todo, me oscurecí absolutamente, fue la muerte de mi ilusión.
Fueron suficientes motivos para dejar de ir al instituto y aguantar los palos de una madre desesperada que sufría porque quería que su hijo fuera un buen estudiante.

Acabé mutilado psicológicamente, deprimido, en soledad.
Llegué a estar sin salir de mi hogar como dos meses, dos meses sin que Sol y Luna vieran mi rostro, cada vez más pálido, más cenizo, dos meses acostándome a las 6 de la mañana y despertarme al día siguiente a las 15:00...
¿Qué sucedió en este período tan importante de mi vida para acabar escribiendo tantas líneas, tanto que he leído, tanto que he vivido? Comencé a canalizar mis sentimientos mediante poesía y tristeza, las cuales en mi cuerpo se acumularon como suele suceder en los pozos abandonados de los pueblos fantasma que se llenan solamente por el agua de lluvia.

Este suceso es de los más importantes de mi corta vida, al cual agradezco.
Por un milagro salí de él, viajé a Jerez de la Frontera donde me curé de timidez y miedo.
Mi deconstrucción comienza en este momento donde decido cuestionarme como persona privilegiada, después de tantas sangrías y pérdidas las cuales me hicieron casi de piedra.
Llegó mi hora de explorar y conocerme; estando en Sevilla, donde mis sentidos artísticos crecieron con la fotografía y la pluma, en Madrid, donde gracias a un humorista y a una profesora de literatura agudicé mi lectura y sabiduría, Cádiz... Donde sus carnavales me mantuvieron en un estado de meditación escalofriante, eterna e indolora y Jerez de nuevo, la ciudad en la que desperté por fin después de dos años dormido...

Comencé el año pasado con 18 años recién cumplidos a sacarme el graduado escolar (que como ya he contado por los cursos repetidos y el inacabado no conseguí):
Lloré muchísimo, ¡imaginaos cuánto!
TENÍA MIEDO, miedo a encontrarme con personas de mi edad, miedo de volver a sentir los desprecios que tanto me helaron...
Pero triunfé, acabé el primer curso con unas notas que nunca tuve, ochos y nueves, ¡incluso en verano!, volví a mi lugar natal donde tanto sangré para (sin darme cuenta) recuperar a mis amistades, con las cuales se me hicieron las vacaciones más curiosas (y felices) de mi existencia, ¡me enamoré incluso! (fracasando obviamente) pero eso no fue lo suficiente para derribar las caminatas con mi mejor amiga, los días de piscina, las tardes en el parque más oscuro del barrio... Aprendí mucho, ¡tantísimo que me hubiese podido explotar pecho y corazón!

Al acabar el verano, yo volví a Andalucía, para seguir con mi último año de clase, (el cual hoy estoy ejecutando, con 19 años).

En todos estos tempranos años que tan rápidos han transcurrido, mi cerebro ha sucumbido a la soledad, al nihilismo, al marxismo, a la crueldad, a defender la memoria de una momia rusa, al arte en la pintura, en el robo de libros ya sea de poesía, teatro o novela, a la lectura compulsiva de anarquismo, teoría anticarcelaria y transfeminismo, hasta descubrir realmente qué soy.

Por los indicios de criminalidad, mi ser hecho de Verdad, hueso y madera repleta de lunares; con un cuerpo deforme, vistiendo éste una capa de piel atópica.

QUÉ SOY: Nadie, alguien privilegiado, un chaval joven de rostro andrógino, hombre cis y hetero, concienciado con ideas libertarias y en proceso de transición vegana.

Nadie... Nadie que no quiere oprimir, ni ser oprimido.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Terrorismos

Moribunda la hija, famélica la madre.
Qué hacer, cómo actuar.

En una cripta creciente vi nacer la bestia
llamada necesidad, una bestia
humilde y libertaria.

En su vientre viví, y sin ni siquiera
consciencia
ella al darme a luz supo como me llamaría.


Mi descendencia carga con una cruz poco querida,
querida por quien me ha leído, odiada por quien me ha mutilado
al haberme conocido.

Tuve unos años dorados, una eterna gloria impagable, una edad sin descanso.
Fui rebelde y cabezota; incesante.
Todos los egoístas me condenaron,
no les gustaba yo.
No les gustaba como vivía, ni qué criaba en aquel pozo con lengua: No les gustaba lo que decía.

Mucho sonreía, hasta de eso se quejaban.

Y aún con tanta historia y tiempo, me siguen desangrando hoy día.

Soy mujer, de harapos, de pelo sucio, de felicidad, Dicha.
De ceño fruncido.
La que significa libertad.

Me gritan Anarquía.

martes, 29 de septiembre de 2015

Viajar meditando

Me gustaría por un instante, breve pero infinito, ser un árbol; viejo, longevo, centenario.

Te preguntarás tú, ''¿Por qué?''
Respirar tan puramente en lo más hondo, húmedo, recóndito y lúcido de un bosque con búhos en mis rincones, con hojas caídas posadas en mi cintura cubierta de tierra, con insectos en mi raíces profundas donde huracanes nunca han existido, donde ni el seísmo más asesino es capaz de arrancar si quiera una mota de polvo recién nacida de mi piel.
Ni el verdugo más sangriento de la corte más antigua y decrépita con el hacha más afilada tendría el valor de separar mi cabeza de mis hombros...


Lo medito mucho, un viento constante que pueda mecer eternamente las ramas de mi cabeza. Hacer que mi vejez sea todo vida sin que la certeza de los humanos ante la muerte me atormente como los monstruos a los niños.
Sigo, yo; anti-mortal, en mi posición de piernas cruzadas con los ojos cerrados y en un sueño profundo:
Lo medito mucho... Ser parte del milagro, llamarme naturaleza y pertenecer al color verde que depura las almas de los desgraciados; viviendo sin nada. Sin cargas que me hagan quebrarme poco a poco el cráneo y destruyan mis sentimientos, sin que la pena invada mi espíritu cada vez que observo la televisión o la radio:
Todo desesperanza e incertidumbre.
Que cada vez que pulse u botón no aparezca un muñeco de trapo hecho jirones disparando, acribillando a cada persona desconocida detrás de la pantalla con sus palabras vacías llenas de ignorancia.


Odio sus rostros, los de todos, todos ellos, esos seres repugnantes que acaban cada día por gusto y sin él, sin darse cuenta o sabiéndolo con el bombeo de miles y miles de corazones.
Son escoria, perlas podridas sin brillo en los ojos, tan sólo un atisbo de lumbre por los reflejos que origina el Sol.
No saben, no entienden, no quieren. Se sacarían los ojos antes que saber la verdad, se comerían sus propias tripas para enfermar antes de que le diesen la oportunidad de ayudar a otro mismo de su propia especie.
Porque si habláramos de las que no lo son...
Se temen, se da asco unos a otros, se aman tóxicamente y quizás a veces en los rincones escupan a los que lo hagan en paz. Ni esos se salvan, no se salvarían nunca de ser lo que son, han sido y serán, escoria, de ser humano, de haber engendrado horror y pesadumbre.

Nada les mantiene vivos, solamente ven espejismos en sus imaginaciones de fondo inexistente, hueco, ya que la venda puesta les impide saber si eso que habita en sus cerebros es real.
Son estúpidos, caminan ciegos y el tirano aprovecha para ponerles en sus oídos la sinfonía más bella y hablarle de ilusiones obscuras que desembocan en dolor y penuria.

Escoria, escoria, basura...
Somos.
Tenemos dos brazos y dos piernas, llevamos ropas cosidas por la pena y el abuso, llevamos peinados extravagantes, vivimos como reyes y nos quejamos hasta si el agua de nuestros grifos sale demasiado caliente, procreamos la guerra y la maldecimos, tenemos de todo y no tenemos nada.
Sólo ceniza en nuestros hocicos que un día, en nuestra ceguera fue el vino más dulce; hoy convertido en veneno, como todo.


Sólo un instante, por favor...
Algo vivo... Arcilla, barro, madera, gusanos, plumas, garras, una cascada, océanos...
No asfalto, no antenas, nada que me mate...

Sueño ser libre, dormir eternamente y que mi vista se mude a la boca dura sin dientes de un abeto blanco...

No quiero fármacos que intoxiquen los sentidos, no quiero esa pólvora de vuestras narices que sacáis como si tuvierais un resfriado eterno, que con tan sólo mocarte con un pañuelo ya habría suficiente para destruir y hacer arder un continente.



A ti, inexistente esperanza, si algún día en mis manos cayeras, te aseguro que de mi boca jamás la palabra ''fortuna'' saldría, pues es poco y muy puro lo que ansío, nada de oro y diplomas.
Es libertad lo que yo más deseo y lo que perpetuamente escribiría...

miércoles, 15 de abril de 2015

La Sentencia.

De  plumas y fusiles,
se acerca la  hora, bien vestida, acicalada.
No bastan fandangos de guerra ni poesías libertarias.
En cada bala, cada palabra acabada
se tilda con la sangre de un enemigo.
No se malgasta ni una gota.

Se dicta la sentencia, ya ebrio el cobarde
se lamenta
y acabo con sus años rápida
y dulcemente.
No uso acero, soy poco sangriento. Pero observo y escribo.

Ya el reloj ni me mira y es temprana
la metralla aquella
con la que recuerdo la muerte de mi
padre, entonces vivo, hoy en el cajón, con el sayo
y la de mi madre, que no andaba delante de la lluvia de acero
pero vio caer a su marido
y eso
la mató en vida.

Ni los pájaros en los árboles cortados por los vientos de Levante
y Poniente
se dignan a aparecer, no será que por volar
libres
ellos,
vayan a caer también.

jueves, 15 de enero de 2015

Sexo, semilla, sembrado.

Son seis mis ilusiones, clavijas de guitarra, que me afinan:
Tus dos pechos, tus dos labios, frente; El diente montado.
Limonar de dudas, bien fresco y confuso. Como alma que lleva el diablo:
Te beso, te oigo.

Eres el azúcar para mi asco, mi anzuelo para mis branquias.
Me ahoga, me alivia. Se va, se escapa. Me ama, me odia; Ni me aguanta,
y llora, llora. Por mi boca, desesperada. Como yo moribundo por tu vientre
y ombligo, huyo de una mentira que intuyo; Y tú y yo solos, hechos enrredo.
De vez en cuando nudo, en ocasiones pesadilla, el sexo y la taza.
Ya sin café, ya sin cacao.
Viejo cereal escaso que ya no mastico ni en sueño ni con dólar y euro
en mis manos.

Me ahoga, me alivia. Azúcar para mi asco.
Hace que sea arena y saco, saliendo de un lujoso barco.
Es por eso que me atraganto, de ilusión, de líbido.
Se arruga ella,  mi polución escapa con mi lámpara, mi ropa. Quedo desnudo,
por ella, derretida:
Deshecha veleta que mareas al agua con cintura y melena, y siendo yo
lluvia, haces que vomite; La náusea infinita, despertar caliente.
Me tocas, me alarmas, haces que mi duda se evapore, que la tinta se corra.

Me ahoga, me alivia, anzuelo para mis branquias:
Yo anciano, tú mi niña. Curarte el fuego, la quemadura, la herida, el corte,
el cuchillo; La vida.
Veleta que me lleva a jurar libertad sin jaulas y tempestad. Sólo calma,
todo paz. Desnudos borrachos de ella y nosotros hartos de beber. Cuando abunda
y el calor y carne no se acaban.
Es por eso que yo como árbol plantado sea lluvia, donde tú, semilla cercana,
cercana y morena; Volcana y helada, me sembraras y enseñarás.

Eres el bambú del oso, enfermedad para el humano, soledad para el gato.
Un puente, un candando.
Comparaciones odiosas, y de tanto recitar; Mi última mano.

Soy la materia misteriosa, densa y oscura que vaga, sí. Un agujero. ¿Qué es
la luz si no? No me atraviesan ni tu manos, pero como me mojan...

Un hotel abandonado, un polvo asegurado.
Qué bonita la noche decorada de sangre y escama, así besan los niños la
primera vez, Veleta. Como me besarás mañana, hecha lágrima, pregunta:
Se descompone.

Azúcar para mi asco, ni me aguanta,
pero como llora por mi boca
desesperada.

sábado, 10 de enero de 2015

De sueño ensueño

Cuando descalzo en suelo frío camino; De pie y sin ganas
con descuido a la paz que ansío me arrimo.

Cuando una figura lejana se me acerca y cada vez veo que mengua más:
Lo entiendo todo.
Acaricio entonces cuando deseoso me rindo cansado y dejo de caminar,
comprendo que a mí nadie me escucha. Y esa sombra que descubrí
pensando yo que vendría...
Acaricio encerrado en un abismo llamado habitación donde me ocurren
los sentimientos más sucios; Donde indago, donde busco, donde leo, donde me
masturbo.
Acaricio un gato oscuro con ojos de perla y vientre de miel
y me pide sin tapujos ni tropiezos en la voz que lo bese:
Herido y lleno, inerte, vacío...
Cuando el corte que sufre no es más que pus y saliva mía,
repleto de moscas
hambrientas, con el asco en sus labios y sus dientes de gangrena.

Echo un cerrojo que me cierre de por vida, sin papeles ni problemas.
Sólo perecer, sediento y sin movimiento:
Que el maldito mosquito que encerré conmigo se brote de mí y mi líquidos.
Que muera hoy él
conmigo.

Acabar sin ni siquiera como última voluntad; Que quedaran los huesos. Que quede
sólo polvo, que es por lo que acabé siendo
y lo que soy.

No me molestarán ni los harapos, porque me estoy desnudando, porque
sólo alimento al zancudo.
para que no termine, no desaparezca y se lleve mis fluidos y palabra.
Que no es ninguna carta de suicidio ni despedida, soy yo. ¿No me
escuchas? Estoy hablando, te estoy susurrando.
...

Cuando salgo de mi lecho de pies apestoso, por la madrugada con ganas
de ir al baño, congelándome en cada paso pausado, por no molestar,
para no despertarme.

No me hacen falta los calcetines, soy mi propio despojo:
Me acerco al espejo manchado y sucio y me sonrío... Sonrío,
ya despierto, lo noto. Hasta el gato ha desaparecido comiéndose
mi insecto Repugno.

Ya me siento los dedos...
Sólo un sueño, (me repito)
Sólo sueños...



viernes, 2 de enero de 2015

El Riachuelo.

La serranía y el campo,
el Cuervo, pájaro bello, Águila,
Conejo, Serpiente, lagarto, Avispa
y grillo.

El Romero en madera,
aroma verdoso:
Su belleza púrpura
junto a su compañera
la espina.
No rompe ni el cielo a llorar
y en la mañana el rocío
riega sus entrañas: El halo de voz y vida.

Y el Caracol muerto, madreperla;
Hasta el molusco junto al nácar.
Un recuerdo
venenoso.

Todo,
en torno al árbol decapitado,
llora, llora. Llora la madrugada.
Y su maleza, crea fuego; para el
Perdido, cándido.
Hasta el corazón del bosque, mudo,
sin oídos:
Jamás sordo...

Ofrece agua  para su esfuerzo.
Al quedarse sin oxígeno,
la falta de aire.
Para él, el sediento, le murmura:
Tomad Desconocido, en éste valle y monte
de noches heladas
y días de desierto
Por y para ti.

Para no verte muerto, un día más:
Para el que no encuentra su camino,
para vos, toma, hunde al descubrirlo tu cabeza ardiente
y tu boca seca:
El Riachuelo.






En la sierra de Guillena, Sevilla.
De mí para Miguel Hernández, el gran poeta de nuestro pueblo.