Cuando descalzo en suelo frío camino; De pie y sin ganas
con descuido a la paz que ansío me arrimo.
Cuando una figura lejana se me acerca y cada vez veo que mengua más:
Lo entiendo todo.
Acaricio entonces cuando deseoso me rindo cansado y dejo de caminar,
comprendo que a mí nadie me escucha. Y esa sombra que descubrí
pensando yo que vendría...
Acaricio encerrado en un abismo llamado habitación donde me ocurren
los sentimientos más sucios; Donde indago, donde busco, donde leo, donde me
masturbo.
Acaricio un gato oscuro con ojos de perla y vientre de miel
y me pide sin tapujos ni tropiezos en la voz que lo bese:
Herido y lleno, inerte, vacío...
Cuando el corte que sufre no es más que pus y saliva mía,
repleto de moscas
hambrientas, con el asco en sus labios y sus dientes de gangrena.
Echo un cerrojo que me cierre de por vida, sin papeles ni problemas.
Sólo perecer, sediento y sin movimiento:
Que el maldito mosquito que encerré conmigo se brote de mí y mi líquidos.
Que muera hoy él
conmigo.
Acabar sin ni siquiera como última voluntad; Que quedaran los huesos. Que quede
sólo polvo, que es por lo que acabé siendo
y lo que soy.
No me molestarán ni los harapos, porque me estoy desnudando, porque
sólo alimento al zancudo.
para que no termine, no desaparezca y se lleve mis fluidos y palabra.
Que no es ninguna carta de suicidio ni despedida, soy yo. ¿No me
escuchas? Estoy hablando, te estoy susurrando.
...
Cuando salgo de mi lecho de pies apestoso, por la madrugada con ganas
de ir al baño, congelándome en cada paso pausado, por no molestar,
para no despertarme.
No me hacen falta los calcetines, soy mi propio despojo:
Me acerco al espejo manchado y sucio y me sonrío... Sonrío,
ya despierto, lo noto. Hasta el gato ha desaparecido comiéndose
mi insecto Repugno.
Ya me siento los dedos...
Sólo un sueño, (me repito)
Sólo sueños...
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