viernes, 2 de enero de 2015

El Riachuelo.

La serranía y el campo,
el Cuervo, pájaro bello, Águila,
Conejo, Serpiente, lagarto, Avispa
y grillo.

El Romero en madera,
aroma verdoso:
Su belleza púrpura
junto a su compañera
la espina.
No rompe ni el cielo a llorar
y en la mañana el rocío
riega sus entrañas: El halo de voz y vida.

Y el Caracol muerto, madreperla;
Hasta el molusco junto al nácar.
Un recuerdo
venenoso.

Todo,
en torno al árbol decapitado,
llora, llora. Llora la madrugada.
Y su maleza, crea fuego; para el
Perdido, cándido.
Hasta el corazón del bosque, mudo,
sin oídos:
Jamás sordo...

Ofrece agua  para su esfuerzo.
Al quedarse sin oxígeno,
la falta de aire.
Para él, el sediento, le murmura:
Tomad Desconocido, en éste valle y monte
de noches heladas
y días de desierto
Por y para ti.

Para no verte muerto, un día más:
Para el que no encuentra su camino,
para vos, toma, hunde al descubrirlo tu cabeza ardiente
y tu boca seca:
El Riachuelo.






En la sierra de Guillena, Sevilla.
De mí para Miguel Hernández, el gran poeta de nuestro pueblo.

1 comentario:

  1. Es fácil llorar cuando alguien recuerda su tierra, y más cuando la siente en las venas.
    Hernández siempre será un grande.
    Esto me hace recordar que siempre queda la esperanza para la libertad, aunque solo sea en pequeños momentos.

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